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Los sofistas se llaman a sí mismos maestros de virtud. En realidad, lo que enseñan es la técnica que permite alcanzar aquella virtud, que es una técnica lingüística. La virtud prometida no es otra que la excelencia ciudadana. En el fondo, no nos engañemos, dicha excelencia está reservada a unos pocos que parten de una buena posición (Pericles), para el resto la excelencia se reduce a una eficacia ejecutiva en los asuntos públicos, que no es poco. En consecuencia, las humanidades (idea que traduce hoy aquella virtud), presentan dos caras bien diferenciadas: una promesa de excelencia humana (residuo aristocrático) por un lado, y el hecho de constituir una técnica de gobierno nacida en un contexto en el que dicha técnica es tarea común, por el otro.
La retórica es un saber que nos hacer mejores tan sólo como consecuencia de lo otro. Es fundamentalmente un saber-poder como ya lo fue la escritura anteriormente. Ésta última nace en los imperios hidráulicos (el Indo, Egipto, Mesopotamia) como un saber-poder: las obras públicas no son realizables sin geometría y la producción estatal es imposible de gestionar sin una aritmética; los censos, los catastros, no pueden llevarse a cabo sin escritura. Inventar la escritura es, primariamente, inventar el archivo. En este contexto, tan sólo es necesario que sólo unos pocos dominen dicha técnica, tal vez sea incluso conveniente. En Atenas todos deben dominar la técnica del poder. No hay comunidad política, comunidad de poder, sin comunidad de saber. Si las humanidades son un instrumento de emancipación, lo son este sentido; en tanto tecnologías. Para que todos participen todos deben saber.
La retórica es un saber que nos hacer mejores tan sólo como consecuencia de lo otro. Es fundamentalmente un saber-poder como ya lo fue la escritura anteriormente. Ésta última nace en los imperios hidráulicos (el Indo, Egipto, Mesopotamia) como un saber-poder: las obras públicas no son realizables sin geometría y la producción estatal es imposible de gestionar sin una aritmética; los censos, los catastros, no pueden llevarse a cabo sin escritura. Inventar la escritura es, primariamente, inventar el archivo. En este contexto, tan sólo es necesario que sólo unos pocos dominen dicha técnica, tal vez sea incluso conveniente. En Atenas todos deben dominar la técnica del poder. No hay comunidad política, comunidad de poder, sin comunidad de saber. Si las humanidades son un instrumento de emancipación, lo son este sentido; en tanto tecnologías. Para que todos participen todos deben saber.
